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Sangre de la Tierra


Itzam Na Álvarez Esquivel

Esta semana no vamos a comer, la lluvia desbordó el río y se llevó todos los cultivos, palabras que decía mi abuelo a mi padre, cuando aún estaba con vida. Ahora está bajo tierra dando de su sangre a la tierra.

Esto es un fenómeno que aún se sigue presentando todas las épocas de lluvia en el pueblo de mi abuelo, ubicado en Almoloya de Juárez, un pequeño pueblo situado en el Estado de México.

En una ocasión recibimos la llamada de familiares para que fuéramos a revisar los cultivos como hacía mi abuelo porque había subido de nuevo el río y se llevó toda la venta de la temporada.

 

Yo nunca tuve que ver la cara de angustia de mi abuelo sabiendo que no tendría dinero para darle comida a mi padre y sus hermanos, pero sí tuve la oportunidad de ver el rostro de Salvador, un nombre con ese toque de oportunidad y esperanza al pronunciarlo. En la plática que tuve con él, me invitó a recorrer todas sus parcelas y observar el estado en el que se encontraban, el maíz doblado por la fuerza incontrolable de la corriente del río, me mostró un poco de mazorcas que logro rescatar, se aferraba a ellas con todas sus fuerzas, como un salvador.

En ese momento sentí la angustia, pero vi una pequeña mueca de sonrisa que se asomaba en su fuerte y duro rostro. Soltó una frase: “no te preocupes lo bueno es que tengo mas maíz en otro pequeño terreno que tengo”.

La sangre de la tierra nos muestra la fuerza de la gente del rancho, luchadora, con sangre en las manos por trabajar, sangre que cae en la tierra, sangre que alimenta y crece junto con el maíz. Gran poder y alimento del pueblo mexicano desde hace siglos. Sangre de esperanza.

© 2018 | Exploraciones III

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